El objetivo principal de la odontología restauradora es el de devolver la anatomía, la función y la estética perdida  de un diente generalmente como consecuencia de una lesión de caries.

La restauración directa de un diente (vulgarmente conocida como "empaste") es uno de los tratamientos más frecuentes en el día a día de una consulta dental. Sin embargo, a pesar de ser un tratamiento rutinario, la amplia mayoria de las restauraciones que se realizan no cumplen los requisitos de anatomía, función y estética.

¿Por qué ocurre esto? La respuesta no es fácil. Probablemente los motivos sean múltiples y variados: por desconocimiento de la anatomía dental, por emplear una mala técnica de estratificación, por "ir deprisa" -y no prestar atención a cada detalle, a cada paso-, por no trabajar con aislamiento de campo operatorio, etc... Eso hace que en muchos casos este tratamiento se limite a "rellenar" cavidades sin más.

Algunos ejemplos de restauraciones que no cumplen con los requisitos de la odontología restauradora y que, lamentablemente, son la norma y no la excepción de la profesión.

Las clásicas restauraciones de amalgama de plata ("empastes metálicos") forman parte del pasado. La amplia mayoría de los dentistas emplean técnicas adhesivas y resinas compuestas ("empastes blancos").

Sin embargo, las técnicas adhesivas son muy técnico sensibles. A diferencia de la amalgama de plata el composite precisa de un aislamiento completo del diente que vamos a tratar y de los adyacentes para trabajar sin humedad.

Otro requisito indispensable es la correcta eliminación del tejido lesionado. Para ello se emplean tintes (tipo caries detector) que nos permiten la remoción selectiva del tejido afectado.

La obturación de la cavidad no consiste en un rellenado de la cavidad si más. La resina debe aplicarse en pequeños incrementos de 2mm preformando lo que será la anatomía externa del diente.

Se empieza con un composite oscuro para reproducir el aspecto de la dentina profunda.